lunes, enero 22, 2007

Inabarcable.

Valores irrenunciables y esenciales de nuestra cultura como la libertad individual o el pluralismo ideológico, junto al desarrollo exponencial en los últimos cincuenta años de las comunicaciones entre personas, países y culturas, más la eclosión de mensajes de todo tipo, científicamente elaborados para calar en nuestras mentes, lanzados a través de un número creciente de terminales, nos someten a una especie de atiborramiento de información diversa, contundente y contradictoria. Nuestra capacidad de “digerir” lo que recibimos, se ve superada y queda bloqueada, lo que nos impide formarnos una idea, aunque sea simple o intuitiva de La Realidad.
Como si te hablaran a la vez cinco personas , disputándose la prioridad, la primera percepción es de una agobiante confusión. Después aparece la ansiedad de no poder dar una respuesta, definiendo tu posición personal ante todo lo que tienes enfrente. Sigue el desconcierto. El desconcierto que produce la certeza de una idea y de su contraria, la imposibilidad de establecer un mínimo orden lógico, un hilo conductor, una idea común y compartida desde donde empezar a construir algo.
Amanece y cada uno de nosotros, procurando disimular el despiste empezamos el día. No es posible conocer cuál es tu papel en la obra de teatro y cada mañana la Vida te empuja a salir a escena. En esa difícil tesitura, el truco para evitar el ridículo de entrar al escenario y ante la mirada del Mundo, no saber qué decir, consiste en pegarse discretamente al coro de figurantes.
Nacimos para ser únicos y nadie nos acompañará en el momento cierto de la despedida. Dentro de cada uno habita el anhelo de ser único, de reconocerte frente a los demás como protagonista de la novela de tu vida. Por eso nos gustaría encontrar el papel, la frase que solo tu tienes que pronunciar en el escenario, el sitio justo, el ritmo adecuado y el peculiar gesto que será tu especial aportación al guión de la historia. Pero un Mundo inabarcable, relativo, incomprensible y sin guión conocido, nos lo pone muy difícil.

Como resultado aparece la tendencia general a aceptar, finalmente sin dolor, el gris papel de figurantes.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

La frase justa en el momento apropiado, a la persona indicada.
Un estimulante juego que se desarrolla en tu mente.
Luego la frase no es la justa, el momento es inadecuado y la persona no es la indicada.
¿Y qué más da?. La frase se dijo y se sintió,el momento era presente de indicativo y la persona estaba a tiro.
Si no se cumplen los objetivos perfectos, habrá que conformarse con los objetivos del momento.
No se si es conformismo, pero es lo que hay.
Tal vez madurar sea contemporizar el presente de indicativo.
Atentamente: DRIVER

4:51 p. m.  

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