domingo, marzo 19, 2017

"Vuelo, comprendan que vuelo" (Felicitación inversa del día del padre para mis hijas).

Vuelo

Vuelo
Queridos padres, me voy
Los amo, pero me voy
No tendrán sus hijos más al anochecer
No huyo, vuelo
Comprendan que vuelo
Sin fumar, sin alcohol
Vuelo, vuelo
Me miraba atribulada mi madre ayer, 
Ansiosa presintiendo,
Ella sospechaba, dudaba, escuchó
Le dije que estoy bien, serena se sintió, no feliz
Y mi padre, indefenso sonrió
No retornen, distanciense más
Hay una estación tras otra estación hasta el Atlántico
Queridos padres, me voy
Los amo, pero me voy
No tendrán sus hijos más al anochecer
No huyo, vuelo
Comprendan que vuelo
Sin fumar, sin alcohol
Vuelo, vuelo
Me pregunto en la ruta,
si mis padres sospechan,
Mis lágrimas fluyen
Mis promesas y deseos de avanzar
Creyendo solo en mi vida
Todo lo que se promete
¿Por qué, dónde y cómo?
En este tren que se aleja a cada instante
Es bizarra esta jaula que bloquea mi pecho, 
no me deja respirar, no me deja cantar
Queridos padres, me voy
Los amo, pero me voy
No tendrán sus hijos más al anochecer
No huyo, vuelo
Comprendan que vuelo
Sin fumar, sin alcohol
Vuelo, vuelo

(Letra de la canción Je Vole, de la película "La familia Beliér")

lunes, diciembre 26, 2016

El General Marco Furio Camilo


 
 
Cuando corría el año 394 antes de Cristo
 
"... teniendo sometida a sitio, como general de los romanos la ciudad de Falerios, el maestro público de los faliscos, que tenía confiados a su cargo todos los niños de la ciudad sitiada, consiguió con traición y con engaño, so color de pasear, llevarlos hasta el campamento de los sitiadores y ponernos en sus manos. A lo que Camilo, aun sabiendo que con solo retener a los niños por rehenes, sin necesidad de tocarles ni tan siquiera un pelo de la ropa, tenía asegurada la rendición incondicional de la ciudad, consideró tan atroz la traición del maestro como impío y perverso por su parte el solo pensamiento de aprovecharse de ella para su victoria; y mandando desnudar al maestro y atarles las manos por detrás, proveyó a los niños de varas y látigos, para que fustigándolo y haciéndole avanzar delante de ellos, se volviesen libres a su ciudad, a su casas y a sus padres. Los faliscos, entre quienes la infamia del maestro había sembrado la desesperación y el llanto que cabe imaginar, aclamaron y bendijeron a Camilo como quien había sabido poner la justicia por encima de la victoria."
 
(Epílogo "La policía y el Estado de Derecho", Rafael Sánchez Ferlosio "AMEDO , EL ESTADO CONTRA ETA", pág. 795.

viernes, noviembre 25, 2016

Sueños







 
 
Le propuse volver ya, regresar a nuestro lugar de trabajo, pero mi amigo sin darme una explicación clara, dijo algo ininteligible y siguió caminando, como buscando alguna dirección. Le seguí y poco a poco pasábamos a barrios de la periferia, desconocidos, desordenados, con algún descampado entre bloques descascarillados pero habitados.
 
Pensé volver porque empezaba a sentir que aquella era una excursión peligrosa. Entonces apareció un tipo que nos miró y se acercó cautelosamente a mi amigo. Empecé a retroceder, pero no estaba seguro que me diera tiempo a salir de allí. No quería empezar a correr, como si temiera que eso enfadara a aquel tipejo que se acercó a mi amigo y por una extraña influencia le hizo caer al suelo desde la distancia.
 
Entonces me miró y se acercó a mi. Parecía que solo quería verme un poco más cerca. Entonces sacó una cerbatana, me apuntó y disparó. Sentí un pequeño roce detrás de mi oreja derecha y al tocarme comprobé que tenía algo clavado, como una pequeña aguja. Miré hacia la salida y quise gritar, pero la voz no salió de mi garganta y sentí que estaba atrapado.
 
(...)
 
Me desperté y comprobé que no tenía la cartera, el móvil, la chaqueta, el cinturón...Estaba donde me había quedado y ya no había nadie en aquel descampado.  Salí de allí buscando barrios más civilizados. Poco a poco me encontré dentro de una ciudad normalizada, los coches, los semáforos , la gente...pero los edificios me resultaban desconocidos. Encontré a dos conocidas que caminaban deprisa, llegaban tarde a alguna cita. Me preguntaron por mi aspecto y le conté lo que me había pasado rompiendo a llorar. Ellas dos también lloraron cuando se alejaban mirándome con lástima y cariño.
 
Buscaba mi casa, no sabía hacia donde dirigirme, no tenía móvil, no me sabía el número de ningún móvil. Pregunté a tres montañeros que en fila, separados unos metros cada uno del siguiente, caminaban a buen ritmo coordinados. Me indicaron la dirección de mi calle, pero después de llegar al lugar donde me indicaron comprobé que tampoco aquel era el sitio.
 
Busque amparo en una gasolinera en la que cobraba a los clientes un niño de unos cuatro o cinco años encerrado en una pequeña jaulita, con un hueco donde le pagaban y  él devolvía las vueltas. Le conté lo que me pasó y lloraba al mirarme, pero inmediatamente se recomponía para seguir con sus obligaciones. Algunos de los que pagaban su gasolina al niño encerrado me ofrecían el móvil para llamar a alguien, pero no recordaba ningún número. Con lo fácil que hubiera sido guardar en un papel o en algún sitio los números que ahora me pudieran salvar. Dudaba si podría encontrar mi familia, volver a casa de alguna forma.El niño me dio una guía de teléfonos y alguien al pasar aseguró que allí estarían todos los móviles apuntados. Sabía que no era verdad pero ojeaba  aquel mamotreto y así creció la angustia al punto justo en que despiertas y quedan en tu mente nítidas las imágenes del sitio, las caras, las sensaciones que poco a poco se desvanecen en tu mente.

domingo, noviembre 20, 2016

Cingular Cell Phones
T-Mobile
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