jueves, abril 26, 2007

Sé que volverás.

Es una serpiente escondida, un veneno que puede trastornarte para siempre, una punzada en el centro mismo de tus deseos, una voz seductora que halaga sin palabras, un olor dulzón y conocido que quieres volver a oler, un zumbido agudo y continuo que termina por no dejarte pensar.
Vives preguntándote cómo será esa parte del mundo a la que nunca podrás mirar. Ese trozo de realidad que ocupas tú y la breve atmósfera que te rodea. La explicación final de tus preguntas podrías encontrarla sin esfuerzo, simplemente contemplándote, sin la mentira lisa y zurda del espejo.
Condenado a desconocerte, quisieras encarnar la mejor versión de ti mismo y desde esa seguridad dormir tranquilo, caminar sin prisa por la calle, mirar a los ojos de quien te habla, sin ese vacío presente de no saber qué está él viendo.
Entonces, alguien o algo te sugiere una confirmación pública de una imagen que te gustaría tener, aparece la posibilidad de afinar a pincel tus trazos más bellos, el noble perfil y la serena fortaleza de tu silueta. Y dentro de ti se vierte un líquido pegajoso e incoloro, el paso pierde naturalidad, el sueño no sabe cuando acudir a una mente alterada, a un cuerpo febril, a una piel encandilada, a unos ojos que imaginan situaciones y momentos, quién sabe si lejanos o inminentes.
Se coló otra vez en la casa de tu alma, esa mujerzuela inquietante que ya te había desequilibrado antes con sus promesas equívocas. Lo sabías cuando llamó, pero le abriste la puerta inventándote mil razones que te dices al oído, para maquillar la certeza que no quieres ver. Ella lo nota y sabe que si eres capaz de engañarte, tiene ya la mitad de su trabajo hecho.
Ahora la habitación de tus verdades vuelve a estar manga por hombro y un sabor amargo a derrota te hace compañía mientras vuelves a poner, más o menos, todo donde estaba.
Ella nos crea y nos destruye. Esa manía de mirar hacía arriba y buscar un poco más de vértigo, el deseo de una panorámica que nos deje ver más lejos.
La Ambición, esa mujerzuela inquietante.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

SIN TESTIGOS.
Había soñado con ser Fernando Alonso.
Y era un simple camionero enmedio de un mercado de transporte internacional.
Algunas noches soñaba con pilotar un fórmula uno, principalmente porque era un sueño mediático, fácilmente exportable.
Otras noches bajaba el listón y me imaginaba corriendo en la París- Dakar.
Mientras que recorro Europa con mi volvo de 16 toneladas, he aprendido un secreto. Un secreto inexportable.
Cada curva de la autoestrada que recorre la región de Siena, ha sido diseñada por un ingeniero que pensaba en mí.
El jodío se dió cuenta sobre el papel, que el trazado de la curva podía ser una sinfonía de corcheas.Las notas son muy simples: velocidad, radio de giro, pendiente longitudinal, pendiente transversal, velocidad del viento, inercia y tráfico.
Fernando Alonso corre rápido.
Los del Dakar tienen un sistema de orientación acojonante.
Yo sólo soy un simple camionero.
Pero amigo, cuando trazo las curvas de la autoestrada, aunque aparentemente hago un trabajo monótono, realmente estoy haciendo algo más.
Realmente lo estoy haciendo bonito.
Y eso, me lo guardo para mí.
Sin testigos.
Atentamente: DRIVER

4:21 p. m.  

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