lunes, abril 09, 2007

Miedo.

La proximidad de un peligro probable enciende las alarmas secretas de nuestro cerebro y agudiza los sentidos. Buscamos una respuesta, una reacción. El hombre se hace grande y decisivo, recupera su naturaleza antigua y siempre presente de Ser que persiste y sobrevive. El riesgo nos despierta y nos fortalece. El peligro forma parte de nuestro alimento necesario y gran parte de desastroso devenir de nuestra especie en las zonas más desarrolladas del planeta encuentra su explicación precisamente en esa ausencia. Humanos que crecen sin necesidad de afrontar ningún reto que les ponga a prueba, se deforman física y mentalmente hasta convertirse en subproductos capaces de emocionarse al saludar a un tipo disfrazado de Pato Donald y al tiempo, ignorar el holocausto cotidiano del hambre de los que ni siquiera tienen una raza o una ideología desde donde reclamar su derecho a comer algo.

Pero el Miedo es una sombra que nace cuando el peligro acechante es incierto, mentiroso, indeterminado y masivo. Cuando no hay manera de reaccionar ante lo que no se conoce con certeza y sin embargo se imagina como irresistible. El valor, el arrojo, la valentía son insuficientes, porque la amenaza se ha instalado en tu mente y ha embadurnado tu cerebro de un líquido frío y maloliente. El miedo entonces paraliza y hace perder la elemental confianza necesaria para afrontar el próximo movimiento. El corazón se arruga y no sabes dónde mirar. Buscas entonces refugio, apoyo, el grupo que te arropa y te hace perder tu identidad. Ese es el miedo como instrumento macabro que sirve a la dominación. Esa sombra negra que te reduce y te humilla, recordándote que no dependes de ti, que estás a la intemperie y que en el instante menos pensado caerás con la fragilidad de la hoja de un árbol, terminarás una historia que, si te descuidas, acabará mal.

Ese es el miedo antiguo del lobo que viene que se ha hecho costumbre difundir entre tanta buena gente indefensa en su cunita. El miedo infinito del infierno, que ahora, se hace temporal y nos inculcan a plazos, con periodicidad bien medida, los periódicos y emisoras de todo el mundo. Hace años fue el demonio comunista que nos invadiría si no fuera por nuestra alianza militar, luego el SIDA que cercenaría nuestra juventud promiscua, las vacas locas que con un cierto retardo nos matarían en los hospitales, sin remedio al estar infectados desde años atrás, las gallinas con gripe, que con extrañas mutaciones, arrasarían la población. La penúltima amenaza procedía del humo del cigarrillo y de las hamburguesas grandes. Y ahora es el cambio climático que matará de sed a nuestros nietos, en desiertos oceánicos resquebrajados, en los que, de cuando en cuando, un esqueleto solitario recordará a los peregrinos su triste e inevitable destino.

Miedo que se instala como un tumor invisible y que no nos deja crecer, reír, soñar, contestar, decidir, palpitar.
Miedo de vivir y de morir.
Miedo, que da miedo del miedo que da.

"...el miedo es una sombra que el temor no esquiva
el miedo es una trampa que atrapo al amor
el miedo es la palanca que apago la vida
el miedo es una grieta que agrando el dolor
(...)
el miedo es una raya que separa el mundo
el miedo es una casa donde nadie va
el miedo es como un lazo que se aprieta en nudo
el miedo es una fuerza que me impide andar..."
Pedro Guerra.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Sólo soy un simple camionero.
Conduciendo mi volvo de 16 toneladas, he sentido el miedo en muchas curvas y muchas rectas.
La distancia entre el miedo y el control, es milimétrica, tan sólo unas rallitas de la regla de medir.
Entoces, ¿para qué sentir esa presión ardiente del miedo?.
No es lógico, y para defenderme uso argumentos no lógicos, así jugamos a las mismas reglas del juego.
Conta el miedo sólo conozco la imaginación, la fé, el amor y la amistad.
Adecuadamente aderezadas con aceite virgen de oliva, y con un poco de sal, te confeccionas tu ensalada diaria.
En la Biblia está escrito: "A aquel que me honre, yo le honraré".
Y yo añado, si controlo mi miedo seré digno conmigo mismo.
Y siendo digno contigo, si luego te sales en la maldita curva, harás de tí un bello cadáver, que habrá vivido sin mojarse los pantalones.
Reduzco a tercera, esa curva es muy cerrada.
Atentemente: DRIVER

1:58 p. m.  

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