viernes, noviembre 17, 2006

Escribir.

Escribir para dejar un rastro y que puedan encontrarte, si es que algún día alguien te busca. Una muesca en el árbol, una señal en la roca, el trozo de piel que al pasar entre los minutos de prisa y casancio, quedó enganchado. Una gota de sangre.
Escibir como un consuelo ante la insoportable intrascendencia del día que pasa. Las palabras como un último punto de apoyo donde tomar fuerzas mientras transcurre un martes quince de noviembre, y en el semáforo un tipo trajeado habla por el móvil. El mundo gira y en medio de esa locura alguien pregunta dónde estamos. Pero nadie atiende porque tienen que llegar a la cita y no hay tiempo para escuchar tonterías. Un mendigo sonríe, mueve la cabeza antes de apurar el último trago en su tetrabrik.
Escribir como un destino, una necesidad, un consuelo, una obsesión. Buscando una luz y momento de paz al encontrar la palabra justa, escondida entre el barullo y la vanidad enfermiza y antigua del escritor. Ahí está, aparece después de rebuscar tanteando a ciegas, hasta tocar la raíz encendida y caliente de lo que quieres decir. Si es que tienes algo para dar, para ofrecer al desconocido que pasa. Y si no tengo anda, aquí te enseño un reloj que no funciona pero era de mi abuelo, una lupa y cuatro monedas antiguas.
Escribir para unos ojos y un corazón sin ninguna esperanza, imaginando un alivio, un respiro, una caricia. Te dibujo un mapa del tesoro para una isla que tengo que inventarme todavía y fijate ya las horas que son. Cada frase un fiasco, una falsa promesa, otro cuento para conciliar el sueño.
Escribir para ser papel escrito, palabra cierta, piedra pequeña.


1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Escribir, escribir, escribir. La pluma discurre por el papel en blanco, las neuronas saltan con alegría en su rito microbiológico, las ideas se agolpan, se ordenan, estallan con brillantez o simplemente dejan un surco en la herida abierta.
Escribir sí; pero con generosidad, con libertad, sin el agobio de tener que hacerlo por obligación. El placer de comunicarse sin más.
No se construye nada sin esfuerzo, pero de todos los proyectos, los más auténticos son los divertidos.
No puedo dejar de acordarme de la forma de jugar al fútbol de los mejores jugadores brasileños de la historia. Todos tenían algo en común, se divertían enormemente al inventarse la jugada que aún no estaba inventada.
El progreso de la humanidad, pasa inexorablemente por la diversión. Aquello que no te hace feliz, simplemente no existe.
Y a día de hoy, observo mi entorno impaciente por encontrar gente que disfrute con lo que hace. Encuentro muy pocos, pero aquellos en los que vislumbro una pizca de diversión, merecen mi atención, y los persigo sin descanso.
Estoy convencido que el Creador se divirtió mucho creando el mundo mundial.
Tal vez se le olvidó dejarnos el libro de instrucciones.
Pero para compensar nos dejó la capacidad de escribir y de ser libres.
Escribir, escribir, escribir.
Eso es lo que hay.

4:19 p. m.  

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