jueves, septiembre 20, 2007

Educación para la Ciudadanía. Bien.

Hace unos cuantos años, en estas tierras, lo bueno y lo malo estaba claramente definido por un código moral antiguo y muy extendido por el mundo, desde la lejanas islas Filipinas al último rincón de la Pampa Argentina. Se enseñaba sin oposición, con disciplina y alegría en las familias de cualquier estrato social, en todos los colegios y desde todas las instituciones públicas y privadas.
Esto es bueno y debe hacerse. Esto es malo y no debe hacerse. Quien lo haga será castigado. Así era.
Aquel edificio que parecía construido con el granito de las verdades inamovibles, en un par de décadas, puede considerase definitivamente derruido. Solo un sector minoritario de la sociedad mantiene y hace propio aquel viejo código de dios, patria y bandera.
¿Qué lo ha sustituido?
Nada.
La gran mayoría de la población tiene problemas para identificar qué es bueno y qué es malo en las distintas situaciones que la vertiginosa vida, de principios del siglo XXI le plantea. En cualquier semáforo encuentras un tipo que ha decidido que toda la calle escuche la música que a él le gusta. En cualquier edificio de lujosas oficinas el ladrillo de oro gobierna ayuntamientos y se amasan imperios burlando leyes y corrompiendo funcionarios. En cualquier televisión la peor cara de la naturaleza humana copa las horas de audiencia.
Nos falta una auténtica ética laica, civil. Principios sobre lo bueno y lo malo que sean compartidos por la gran mayoría y respeten la diversidad que nos informa. Atendida la falta de audiencia del párroco, nos falta por elaborar el compendio de reglas mínimas para poder convivir pacíficamente. Los pensadores encargados de buscar esos fundamentos se cuentan con los dedos de la mano. Para colmo, precisamente sus denuncias desde esa ética civil les convierten en malditos. Son vilipendiados, de una parte, por quienes quieren mantener el monopolio de la moral social, encantados con la situación (“cuanto peor, mejor”) y de otra, por una especie de cúpula civil dominante, instalada en la poca vergüenza, detentadores del cuarto y cada día más hegemónico e incontrolado poder. Así Savater, Eschotado o Marina, únicas aportaciones a esa ética laica que reclamo, son temidos y presentados a la población como extravagantes o iluminados.
Así las cosas, aparece la EpC como asignatura.
No conozco sus contenidos, pero la idea me parece un acierto.
Habrá que aprender a ser ciudadanos.
Primera lección: los demás existen.
Segunda lección: los otros son muy parecidos a ti.
Con esas dos ideas tenemos para un par de lustros, pero habrá que intentarlo.

3 Comments:

Anonymous Anónimo said...

COSAS QUE PASAN

Vamos a ver. Si este fenómeno sólo se circunscribiera a un determinado sector de la población, a un tipo de barrio o a un entorno social más o menos concreto, respiraría tranquilo.
Lo que está ocurriendo es que la incultura y la falta de sentido común se está extendiendo tan rápidamente y de forma tan notoria, que simplemente educar a un adolescente se está convirtiendo en una tarea de héroes.
El beneficio político de la incultura es tan notorio, tan económico de medios precisos para su desarrollo, y de alcance tan rápido y tan inmediato, que podemos concluir que la incultura vende en cualquiera de sus manifestaciones.

Ante eso sólo nos queda el trato personal.

El sábado fuí con mis hijas a un cumpleaños infantil. La madre de la homenajeada, tenía dos hijos, y esperaba el tercero. En un bis a bis me confesó su miedo a traer una criatura a este disparatado mundo. El miedo se reflejaba en su mirada.
Yo no soy valiente. Pero tengo un amigo que sí, que lo es.

Driver se acercó a la madre, le cogió la cara con sus manos de forma cariñosa. Le apretó un dulce beso y le dijo:
"Tu sí, tú eres mi héroe".
Se lo dijo de forma tan dulce y decidida, que la madre se lo creyó.

Tal vez el mundo ha cambiado o tal vez siempre fué así; el caso es que los Nicolas Cage, los Steven Macqueen y los héroes de la Ilíada, van a dar paso a gente que simplemente van a esforzarse para que sus hijos lean y escriban correctamente el castellano a los quince años.

Vamos a ver. Esto es así.

Cosas que pasan.

Atentamente. Driver.

3:52 p. m.  
Anonymous toi said...

Los padres de la generación anterior eran tan duros, tan irracinadamente duros, que la reacción ha sido pasar el péndulo al otro extremo.
La educación ha muerto, viva la educación
está bien que se impartan nociones sobre qué carajo es un crédito, un impuesto, un semáforo, un diputao, y por qué no se debe escupir en el suelo al paso de los demás, o por qué no se debe comer en un restaurante con la gorra puesta, o por qué hombre va con hache, con eme y con be alta.... pero que no me sustituyan, que se metan con cuidaito en el culo la ideología, y sus opiniones discutibles sobre mi religión o sobre la moralidad.

3:37 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

EpC. Mal.
Amigo Caleroma, cuando una sociedad no distingue entre el bien y el mal, ni en el colegio, ni en ningún otro lado se les va a proporcionar tales conceptos.
Hablas de una éstica laica, pero la verdad es que nos amenazan con una ética laicista.
Una cuestión como esta tan difuminada hace que lo que nos tenemos es que realmente quieran enseñarnos es educación para la progresía p para el socialismo. o al menos tenemos derecho a temerlo.
Ni siquiera me parece correcto que a mis hijos les enseñen esos valores constitucionales tan dogmáticos como los que mas. Puedo respetarlos y acatarlos, pero nada ni nadie me obliga a compartirlos, y mucho menos que se los intruduzcan a mism hijos como la verdad absoluta.
Si esto es así con estos valores puros, que no será con lo demás.
Un abrazo.

8:12 p. m.  

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