lunes, mayo 15, 2006

Capítulo 11.

Quedaban horas para que terminaran aquellos días de descanso navideño que se habían visto alterados por la curiosa historia de una mujer rusa casada demasiado joven y que dedicaba sus días a cuidar de un marido en silla de ruedas. Antiguo miembro del ejecito y actual titular de cuentas corrientes en Suiza, el Sr. Vostok mantenía una tenue relación con la realidad y su hermosísima mujer sabía mantenerse dentro de su mundo sin dejar de disfrutar y manejar los negocios del que un día fuera conocido por su crueldad con los inferiores. Pero la vida cuando hay tanto dinero que gastar es incontrolable y Svetana tenía suficiente inteligencia para disfrutarla sin herir el maltrecho cerebro de su marido. El inspector Quijares pudo entender la historia en una especie de inglés, con el que se comunicaba con su inesperado regalo navideño y apenas tuvo que hablar. Por primera vez en su vida se sintió utilizado como objeto del deseo y la experiencia no le resultó en absoluto desagradable. Después de todo para ella también fue un buen negocio. Tenía más prestaciones que cualquiera de los ingenios del mundo de los electrodomésticos eróticos y le salió barato a pesar de que , aunque lo intentó, Quijares no pagó ni una sola copa.
Quedaban horas para cumplir su promesa de no utilizar la conexión a internet del hall de aquel hotel, pero aquellos días de saunas, masajes y visitas de aquella mujer insaciable a las horas más insospechadas del día y la noche, le habían reblandecido su voluntad y finalmente, la última tarde, se dejó caer en la tentación, en este caso mucho menos dulce. A través del webmail consultó el correo del Pirata que llevaba meses fingiendo ser y se alarmó por la cantidad de correos pendientes primero, y después por su contenido.
Desde la organización se habían alertado por su ausencia en su pueblo durante la Navidad, pues debía ser el primer año que faltaba. Esta vez había regresado al pueblo para esos señalados días un tío emigrado a la Argentina que desde muy pequeño debió tener una estrecha relación él, lo que hacía más llamativa su ausencia. Le habían echado de menos. En alguna frase de una de las comunicaciones, la organización parecía dudar de la propia existencia del Pirata. Aunque la frase podía ser una figura retórica, Quijares se estremeció sintiéndo como si ya hubieran descubierto su farsa. Por otro lado pensó que había sido providencial mirar aquellos correos pues de su rapidez e imaginación para encontrar una respuesta tranquilizadora dependía la continuidad de aquella extraña historia.
Siguió leyendo y todavía era más preocupantes las siguientes comunicaciones. El Gobierno español había decidido ayudar sin reservas al gobierno norteamericano en su lucha contra le terrorismo internacional después de los acontecimiento del 11S para lo que dando un giro a su política en relación con los grupos radicales islámicos en los últimos años, había pasado información de la inteligencia española a los servicios de USA. Cuando el gobierno español descubrió que gran parte de los planes y reuniones previas al atentado que conmocionó al mundo se habían hecho en territorio español, se dispuso a trasladar toda la información y a servir en bandeja algún detenido al amigo americano, antes de que el amigo americano le pidiera cuentas por lo sucedido. Los efectos se habían dejado notar, de lo que allí se narraba Quijares supo que tenían la sospecha de que los servicios de inteligencia americanos ahora les tenía en el punto de mira. Por otra parte los cambios en la legislación sobre información bancaria internacional habían tenido un efecto demoledor al haber sido descubierta una de las cuentas principales para la subsistencia de la infraestructura del aparato dirigente de la organización y eso afectaba directamente al Pirata. La situación era límite y , para colmo la posible financiación proveniente de las subvenciones de su aparato político empezaban también a estar en riesgo a partir de una maniobra del gobierno español que culminaría con la ilegalización del partido político que había sido su voz en el parlamento vasco. En realidad la organización podía hacerse oír por diversos medios, pero lo importante eran los fondos que podían obtener por esa vía, no solo a partir de subvenciones oficiales, sino a través de los actos de campaña y mediante los diferentes contactos a nivel internacional que aquella plataforma política les facilitaba. Ahora, todo eso estaba a punto de extinguirse y las altas jerarquías de la organización advertían en comunicados dramáticos a todos sus miembros que entraban en situación de alerta roja. Cuando las comunicaciones de la organización se referían a simples cuestiones domésticas o a debates internos de tipo más o menos teórico, era fácil para los dos suplantadores del fallecido pirata contestar y seguir el dialogo de manera fluida. Pero cuando, como en las últimas comunicaciones se referían ordenes internas ante situaciones comprometidas, aparecían numerosas palabras y códigos que para Quijares eran incomprensibles. Entonces le invadía una grave sensación de intranquilidad y sentía de que no podían seguir por más tiempo con aquella suplantación sin que más tarde o más temprano fueran descubiertos.
En el último de los mensajes acumulados en el buzón, el tono utilizado era claramente admonitorio. La Organización no podía consentir más extravagancias y era un momento en que como miembro de la directiva en activo debía estar a la altura de las circunstancias, pues su aportación podría resultar decisiva .En otro caso , debía elegir y si no estaba dispuesto a atravesar junto con sus compañeros revolucionarios las etapas difíciles que se avecinaban debía ser claro, evitar desgraciados equívocos y plantearse dejarlo todo “ateniéndose a las circunstancias”. Esta última frase le pareció de un tono claramente mafioso y terminó de descomponerle completamente el cuerpo.
De la lujuriosa tranquilidad , en el escaso lapso de media hora Quijares pasó a la intranquilidad más agobiante. En el contraste, las sensaciones incrementan sus efectos. Se sintió absolutamente perdido. Esta vez estaba solo y echó de menos la compañía de Ricardo con quién hasta entonces se había enfrentado a los momentos difíciles. Comenzó a sudar y notó el golpe de los latidos del corazón en las sienes. Miró a su alrededor pues en esos momentos no hubiera soportado tener que dar explicaciones a nadie . Buscó la soledad de su habitación para recapacitar y recobrar la tranquilidad y el control. No sabía si debía consultar la nueva situación con Ricardo, ni siquiera estaba seguro de que hubiera tiempo para eso. De su reacción inteligente , imaginativa y sobre todo inmediata dependía que no fueran finalmente descubiertos. Estaba bloqueado. No era capaz de escribir alguna frase en una cuartilla en donde se disponía a preparar un borrador de respuesta. Entonces pensó que quizá fuera lo mejor olvidarse de todo lo que había leído y esperar hasta que las vacaciones de navidad terminaran y volviera a reunirse con Ricardo en la normalidad de sus trabajos.

Llamaron sutilmente a la puerta y aunque hubiera querido esconderse debajo de la cama, vio como sus pasos se encaminaban a abrir . Sabía que era ella pues después de las frecuentes visitas de los días anteriores conocía perfectamente la cadencia de los golpes de sus nudillos. Pasó decidida, como siempre. Se disponía a abir la botella de cava pero nada más mirarle a la cara ella entendió que algo iba mal. Se detuvo y depositóla botella sobre el minibar. Le cogió con sus manos la cara mirándole fijamente a los ojos advirtiendo que Quijares era incapaz de mantenerle la mirada. Él se palpó el estómago mascullando alguna excusa . Entonces ella le dijo que solo quería despedirse al tiempo que sacó de su pequeño bolso una tarjeta de visita y una cajita.

- “ Quiero que sepas que puedes llamarme a cualquier hora y desde cualquier sitio del mundo, cuando tengas problemas. Tienes mi teléfono personal y sabes que puedo ayudarte”.
- “Thanks” contestó advirtiendo en su mirada una fuerza especial que le daba una belleza a su rostro disinta a la de los días anteriores.
Volvió a tomar su cara con las manos y le besó suavemente.

-“ Se quién eres y solo te pido que podamos vernos alguna vez más. Me has hecho muy feliz”.
Entonces se dirigió a la puerta y antes de salir le miró de nuevo y le lanzó un beso arrugando sus labios y levantando las cejas. Después abrió la puerta con determinación y se marchó.

Quijares se quedó mirando la puerta con el cartel de los precios según la temporada y el plano de la situación de la habitación con la vía de evacuación en caso de incendio. Pensó “esto Ricardo no se lo va a creer” aunque miró la tarjeta de visita y el pequeño paquete que tenía en la mano como pruebas que podía presentarle.

“ Ms. Svetanova Bostokieva.
Jewelery and Internacional Business.
Smoleskaya Street, 124.6.
Moscow, Ts 2-342 “

Sobre todo porque debajo había manuscrito con letra elegante a pluma :
“ Always in my mind” c.ph 1-005-1349-344.

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6 Comments:

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