lunes, febrero 26, 2007

Ayaan Hirsi Ali (2).


Preparo un te moruno sin decirle nada y espero su reacción. Cuando se lo ofrezco me dice “no quiero, gracias”.


- Cuéntame algo de ti, por favor.
- ¡Qué difícil! ¿Sabes que he escrito un libro y cuando lo leo me parece que falta todo?
- Pues resume.
- Vamos a ver.Nací en Somalia en una familia musulmana en donde era tradición pinchar a la niña recién nacida en el clítoris hasta que sangrara. Eramos nómadas y eso me enseñó a ser tenaz y ejercer el derecho a buscar una vida mejor en otro sitio (el derecho por el que yacen en el fondo del mar tantos africanos). Luego viví en Kenia y ya empecé a respirar un poco entre gente que respeta a quine es diferente. Más tarde en Holanda, al fin encontré a la mujer que soy y dejé definitivamente de ser parte de un rebaño. Todas las culturas quieren a los hombres aborregados y han utilizado para ellos siempre el mismo instrumento: el miedo. Cuando por primera vez con dieciséis años pude caminar por la Estación Central de Amsterdam sin llevar cubierta mi cabeza me sentí libre y comprendí que eso era bueno. Era el día 24.7.92, entonces perdí el miedo y supe que todos los hombres en el fondo de su corazón saben que solo si son libres son auténticamente hombres. Que su obligación es limpiar su cabeza de siglos de mentiras y amenazas y…que ya es hora de levantar la voz. Con veintidós años aprendí a concretar esas ideas cuando, frente a todos los asistentes a mi boda dije que no me casaría, que el alma no se puede coaccionar. Estudié Ciencias Políticas en Amsterdam y dispuesta a no callarme todo el horror que conocía conté a un director de cine lo que cada día sufrían las mujeres en los países musulmanes. Hizo una película y poco después un integrista islámico le mato a cuchilladas. El asesino dejó encima del cuerpo ensangrentado una carta de cinco folios dirigida a mi que terminaba preguntándome: ¿estás dispuesta a morir por tus convicciones como yo?.
- ¿Y ya te has contestado?
- Claro. Para mi lo primero la Vida. No hay nada por encima. Quienes están dispuestos a dar la vida por sus ideas, terminan quitándosela a los demás, después de convertir la propia en un extraño sucedáneo en donde, por ejemplo, algo tan maravilloso como la sexualidad, es visto como algo malo. Así que le contestaría: no, no daría la Vida por ninguna idea, pero trabajaré mientras pueda para defender lo que pienso y para que nadie asesine a otro por pensar de forma diferente.
- Ahora vives en Estados Unidos ¿no tienes miedo de que te utilicen otros extremistas?
- Ya te he dicho que hace tiempo que no tengo miedo de nada y eso conjura muchos riesgos. Entre otros, ese que me dices. A esa gente, sencillamente lo le gusto.

La habitación del blog en donde charlamos se va quedando sin luz. Sus palabras son tan intensas que olvidas encender la lámpara.
Ha sido un hallazgo. Quiero leer su libro y seguir su trayectoria.
Me mira y mueve sutilmente su boca como solo lo hace una mujer. Yo percibo el mensaje como solo lo percibe un hombre.


- Guapa.
- Gracias.

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1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

DESDE MI CABINA.

Soy un simple camionero.
A lo largo de un mes cualquiera, recorro miles de kilómetros, millas o estadios, depende del país donde esté.
No es lo mismo, me explico. Los kilómetros los recorro en los paises que tienen adoptado el sistema métrico decimal, las millas en aquellos que siguen los patrones de medida ingleses; y los estadios en el resto de países.
Pero; ¿qué es un estadio?.
Si lo miras en un diccionario, es una medida antigua relacionada con los griegos, e inspirada en el pie y el codo.
Para un ser como yo, el estadio es la distancia que existe entre una solución y un problema.
El estadio en Senegal puede ser una medida muy larga, distancia entre el lugar donde mi neumático ha pinchado y la próxima estación de servicio.
El estadio en Bélgica puede ser una medida muy corta, distancia entre un ser vivo y el Centro asistencial más próximo.
El nombre de la medida, "estadio", lo aplico de una forma arbitraria, tanto a un caso como al otro.
Esto lo escribo aquí, para dejar constancia del espíritu que impregna a la gente que se ha movido por el mundo, mundial; y que tiene un espíritu abierto y libre.
Al final, el día que abandones la fiesta mundana, no te sentirás orgulloso de los kilómetros o millas recorridos.
Sólo te sentirás orgulloso de aquellos que has vencido, de los que has perdido pero has luchado, de los que ayudaste simplemente a plantear.
Te sentirás orgulloso de los estadios que has vivido.
Atentamente:DRIVER.

2:57 p. m.  

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